Este es un artículo periodístico publicado en la Revista EXACTAmente, Revista que podés bajarte Gratis desde su blog. La publicación que incluye esta nota, bajátela acá. Su Autor, Ricardo Cabrera, es uno de los profesores con la más buena onda que conozco (aunque nunca me dió clases. Su manera de escribir es apasionante, y tiene toda la pinta de ser un Loco lindo. Me saco el sombrero ante él, y ante muchos otros profesores de la FCEyN. Transcribo la nota, porque me pareció interesante en su momento, y ahora, con todo este quilombo de la LES y la CONEAU en Exactas (¿Qué es la LES? ¿Qué/Quiénes es/son la CONEAU?), viene bien tenerla en mente. Las fotos las saqué yo ;-) .

Acá va:

Estudiantes de la FADU

Estudiantes de la FADU


“Universidad ¿Profesionalista o científica?”

Los argentinos supimos concebir muchas discusiones sobre qué universidad queremos. Libre o laica, gratuita o arancelada, elitista o de masas, con ingreso irrestricto o con filtro de aceite. Sin embargo la principal encrucijada nunca fue planteada: ¿queremos una universidad profesionalista o una universidad científica? Esa discusión aún nos la debemos; todo lo demás son matices.

Nada es como es porque sí. Y la universidad menos. Todas las universidades del mundo adoptan modelos que son útiles a
sus países y responden a distintos intereses y objetivos. El adoptado en la Argentina fue el profesionalista, un modelo basado
en la creación de profesionales, muchos y buenos, y preferiblemente a bajo costo y en poco tiempo. Los motivos de esta
adopción fueron varios, entre ellos: la existencia de importantes escuelas y colegiaturas profesionales, y el auge y la necesidad
de las profesiones liberales. En definitiva, todos confluyeron en la creación de universidades como fusión de escuelas profesionales
(hoy las Facultades) que tienen el cometido básico de producir profesionales y que sigue un patrón particular llamado modelo profesionalista.

Ya existía otro modelo
Mucho más antiguo que el profesionalista, ya existía un modelo de universidad muy diferente, que llamamos científico. Estaba basado en la esencia de las más antiguas universidades del mundo, que se puede resumir de esta manera: la universidad es el lugar que la humanidad se procuró para la reflexión sobre la realidad y para la
creación del conocimiento. Podemos encontrar el modelo en la Antigua Grecia, la academia de Platón y el liceo de Aristóteles,
Alejandría, París, Bolonia, Leiden, Salamanca, Ginebra, y muchas más. Este modelo de universidad pervive con plena salud esparcida por el mundo. En realidad, por el primer mundo. En ese antiguo caldero se cocinó una simbiosis fecunda entre enseñanza e investigación científica. Desde entonces no puede existir una sin la otra, sin un menoscabo importante de eficiencia y calidad.

Ambos modelos se formalizaron más o menos al mismo tiempo, cercano a la Revolución Francesa y con cierta vecindad. El profesionalista se consagra en París bajo la égida del emperador, y así la llaman los estudiosos de las ciencias de la educación: universidades napoleónicas. El modelo científico lo hace en Alemania fundamentalmente bajo el ideario de Wilhelm von Humboldt que funda la universidad de Berlín (hoy Universidad Humboldt) y los especialistas lo han dado a llamar modelo científico o humboldtiano. En una lectura superficial y errada, hay quien piensa que las universidades científicas forman científicos, y las
profesionalistas, profesionales.

Pero no es mi idea hacer una declaración de principios, ni menos que menos una reseña histórica, que haría pésimamente.
Mi intención es hacer en esta nota una caracterización práctica, sencilla o, ¿por qué no?, una guía de campo. Una, en clave
dicotómica, que nos permita reconocer cada modelo y pensar en términos prácticos cuál es el sentido, la utilidad, la conveniencia
de cada uno. Con características fáciles de evaluar por cualquier mortal no especializado en ciencias de la educación o en política educativa. Acá va.

Pabellón III de Ciudad Universitaria, Sede de la FADU

Pabellón III de Ciudad Universitaria, Sede de la FADU

Cómo catalogar una universidad
El primer ítem es económico. La profesionalista es barata. La científica es cara. Crear conocimiento es una empresa cara, la investigación científica cuesta mucho. En cambio, comprar conocimiento ya hecho es muy barato, la mayor parte se puede conseguir en libros. La profesionalista, entonces, es ideal
para países pobres y endeudados como el nuestro, de hecho es la más común en los países del tercer mundo, mientras que el modelo científico es común en los países del primer mundo. Alcanza con
mirar presupuestos y comparar para sacar conclusiones.

Los estudiantes también son característicos. Los alumnos de universidades científicas son típicamente full time. Teóricas,
problemas, seminarios y laboratorios hacen que el estudiante se quede prácticamente todo el día en la universidad. El alumno típico en una universidad profesionalista es part time. Habitualmente
tiene un trabajo con el cual sostiene sus estudios, y cursa de noche. En las universidades profesionalistas, los centros de estudiantes
se ponen locos si la Facultad no ofrece turnos noche. De día, son páramos; de noche, aglomeraciones.

El currículo es la marca en el orillo. Las universidades científicas se caracterizan por tener ciclos básicos comunes (no se confunda con el CBC; no en principio, al menos) con una intensa formación en ciencias básicas: matemática, física, química y biología. Para todos los estudiantes, con la misma profundidad y calidad. Las profesionalistas, en cambio, arrancan las clases con las asignaturas de las respectivas especialidades. Son rehenes de los contenidos profesionales. Si a los médicos hay que darles física, que sea, al menos, una biofísica, o sea algo que tenga más que ver con ellos y con un nivel no tan intenso. “¿Y para qué quiero cinemática si no la voy a necesitar para auscultar a mis pacientes?” suelen preguntar los estudiantes de medicina si se les quiere enseñar física. Los profesores tampoco saben qué contestar, y a menudo inventan situaciones hipotéticas y absurdas que no convencen ni a ellos mismos. Ambos cayeron en la trampa de los contenidos. En el paradigma científico, la pregunta no tiene sentido, todos lo viven como lo más natural, no se concibe un médico que no sepa utilizar derivadas ni hacer estadísticas.

Estos cursos básicos suelen estar a cargo de los respectivos departamentos. Por ejemplo, los cursos de matemática (por donde pasan, todos mezclados, los futuros matemáticos, físicos, psicólogos, contadores, filósofos, etc.) están dados por los docentes del departamento de matemática de la universidad. Por ello, las universidades científicas suelen tener una organización departamental. En contraposición, las profesionalistas están organizadas en estructuras de cátedra. Las primeras tienen docentes “generalistas” que van rotando entre diferentes materias; las segundas, docentes especialistas; en ellas, habitualmente, el máximo especialista se adueña de una cátedra y forma una especie de feudo académico, a menudo inexpugnable.

Otra característica de los currículos profesionalistas es que son rígidos. En las científicas, suele haber muchas materias optativas y comunes entre diferentes carreras (además de las básicas). Los estudios son flexibles y es difícil encontrar dos graduados con idéntica formación.

Un buen momento para calar una universidad, si es que todavía tiene dudas, es el mediodía. Un comedor universitario es ideal para hacer la caracterización. Es sencillo: los almuerzos de las universidades humboldtianas son divertidos y estimulantes, cuando no, eróticos. Es fácil encontrar mesas en las que comen un futuro ingeniero, con una futura veterinaria, con un filósofo y un economista. Es fácil imaginar una charla estimulante, digestiva.

Otro lugar donde se ve claramente la diferencia es en las bibliotecas universitarias. La científicas están llenas de estudiantes, de libros, ¡de revistas!, de terminales de computadora con internet y los catálogos on-line. La universidad profesionalista, en cambio, es la mayor subsidiaria de la industria del apunte.

Las materias de las universidades científicas tienen un contenido interdisciplinario importante y hay que hacerlas en inglés. Hay quien con esto puede emocionarse y a otro puede generarle urticaria. Pero es así, la ciencia es una empresa global y se comunica en lengua franca.

Permítaseme intercalar una frase de uno de nuestros adalides por la ciencia, Marcelino Cereijido: “La universidad profesionalista puede generar expertos, o a lo sumo eruditos, pero sólo de una universidad científi ca salen los sabios”.
Las universidades científicas son pequeñas. Las emblemáticas MIT o Harvard no superan los 18.000 estudiantes. El último censo en la UBA arroja la friolera cantidad de 320.000. De ellos, la mayoría se anota en carreras tradicionales, sin sentido académico ni estratégico. Las leyes de mercado y las modas gobiernan la matrícula de las universidades profesionalistas. ¿Se puso de moda el periodismo?, macanudo: mañana compramos un edificio nuevo y ahí entran los 40.000 estudiantes de ciencias de la comunicación que manejarán los taxis del futuro. Las universidades científicas planifican con visión de futuro.

Con docentes full time, con estudiantes full time, viviendo juntos en la universidad, docentes y estudiantes quedan atrapados en la tradición de la formación discípulo-maestro. En la otra, en cambio, el estudiante esta condenado a la masividad y el anonimato.

Ya podemos formular una pregunta crucial: ¿Cuál es el objetivo académico último de estos tipos de universidad?

Para la profesionalista: la EFICIENCIA. Para la científica: la EXCELENCIA.

Pabellón II

Y a mí qué
Ahora bien, supongamos que acordamos las diferencias entre ambos tipos de universidad. ¿Qué podría hacer que prefiriéramos
una universidad científica a una profesionalista? Yo tengo dos motivos importantes. El primero es la ciencia en sí misma. La ciencia es una concepción del universo, un modo de enfrentar el universo, basada en la razón, la observación, la experimentación, con prescindencia de dogmas, creencias y del principio de autoridad; es un sistema de conocimiento con enormes implicancias en la filosofía, la ética, la moral y la vida. Ser científico es un
desafío personal de cada uno, que deberá librar en angustiosa minoría.

El segundo es estratégico. Basar el sistema educativo superior en universidades profesionalistas es el mejor modo de encadenarse
a un modelo de país dependiente; dependiente de insumos, recetas y saberes desarrollados en el primer mundo, consumidor y esclavo de tecnologías y conocimientos importados. Por el contrario, tener universidades científicas es condición necesaria para generar un proyecto de país independiente. No se puede ser un país soberano ni, menos aún, rico, sin tener ciencia.

Bueno, me detengo aquí. Debe haber una guía más seria y más completa. Este es un resumen para todo público.

De aquí en más
La perspectiva no es muy halagüeña. Nuestros gremios docentes están embarcados en conseguir estabilidad laboral, contrario
al principio reformista de la periodicidad de cátedra, lo que convertiría la universidad en un ente burocrático y mediocre
parecido a un ministerio kafkiano. Los centros estudiantiles, hoy dominados por partidos políticos de izquierda (una nueva
y reaccionaria izquierda) sostienen, en su mayoría, la trasnochada idea de que la ciencia es una herramienta de dominación
capitalista y no pueden distinguir entre científica y cientificista. La opinión pública y los medios de comunicación masivos soportan el bombardeo mentecato de los discursos posmodernistas que relativizan el conocimiento científico equiparándolo a creencias religiosas y modas culturales. La cosa está peluda.

Pero aunque parezca una meta inalcanzable, generar universidades científicas no es imposible. La época de oro de la UBA, del 56 al 66, demuestra que en muy poco tiempo se puede patear el tablero y dar un golpe de timón que nos encamine hacia un rumbo de excelencia. Algo tenemos los argentinos, yo no se qué, pero somos el único país latinoamericano con tres Premios Nobel de ciencia, y con otras treinta luminarias científicas que no recibieron el Nobel, otros trescientos en puestos top en todo el mundo, y unos 60.000 científicos formados, yirando aquí y allá. Algo hay. Tal vez ese algo nos permita darnos el tiempo necesario para reflexionar sobre esta encrucijada y, quién sabe, un día, tomemos el rumbo señalado.

Es imposible modificar el sistema universitario argentino para que adopte el modelo científico. Pero no hay razón valedera para evitar que ciertos grupos académicos que están en condiciones de adoptarlo deban renunciar a ese objetivo. Las condiciones están dadas para que una partición racional de la UBA permita la generación de una (tal vez dos) universidad científica que nuestro país necesita y merece.

La partición de la UBA en nuevas universidades con tamaños racionales, gobernables,

direccionables, a las que se pueda insuflar una política académica clara y definida, resultará en que cada una produzca beneficios para la sociedad de manera eficiente, y sin necesidad de gastar esfuerzos en pujas innecesarias.

Científica, no cientificista

Oscar Varsavsky acuñó el término cientificista en los años 70 para criticar la actitud de diversos científicos que, según él, le daban

la espalda a los problemas del país. Sin embargo, se puede ser tan autista haciendo ciencia de primera calidad como haciendo

una ciencia pretendidamente aplicada o pretendidamente al servicio de la sociedad. Sus argumentos fueron bastardeados y utilizados en defensa de la mediocridad.

Esfuerzo

Actualmente, los actores de la vida universitaria que estamos convencidos de que la Argentina debe tener una universidad científica perdemos muchísimo tiempo en defender nuestro ideal académico. Gastamos enorme cantidad de energía en defender la periodicidad de cátedra, las dedicaciones exclusivas, los concursos abiertos, las estructuras departamentales… y tantas otras cosas que son absolutamente necesarias para el modelo científico y apenas accesorias o incluso molestas para el modelo profesionalista.

Siguiendo con las traducciones del blog de Kelly Weinersmith, adicioalmente, esta chica es la prometida del autor de SMBC, un comic que deberías leer. También tienen un canal de cortos cómicos, donde Kelly actúa! (en un par).

Esta entrada me resultó muy interesante para debatir…y espero encontrarme con algún científico para discutir esto con el. Estaría más que genial.

Sin más introducción, los dejo con el post:

En una entrada anterior, castigué a padres por tomar concejos de celebridades como Jim Carrey o Jenny McCarthy en temas importantes relacionados a la salud. Luego de escribir, me he estado preguntando sobre el rol del científico como un servidor público. ¿Puedo haber hecho más la comunidad científica para contrarrestar esta desinformación, quizás previniendo la disminución en el uso de vacunas que estamos observando actualmente?

Creo que la respuesta es si, podríamos haber hecho más. Las vacunas no son la única área donde una gran participación  científica pudo haber hecho la diferencia. Soy confidente de que casi cada sub-disciplina científica tiene algo importante que ofrecer al público

Entonces, ¿Cómo llevar esta información al público? No será sencillo, pero creo que necesitamos ser pro activos. Podríamos contactar diarios, estaciones de televisión, escuelas secundarias locales y ofrecer dar charlas especiales a los estudiantes durante sus clases de ciencia.

Pero la pregunta persiste, “¿Estamos obligados a hacer algo?“. La respuesta depende prácticamente  de que posición científica tengas,  pero los contratos que la mayoría de nosotros hemos firmando en ninguna cláusula nos da la obligación de educar al público. Dicho esto, creo que es importante recordar que los que pagan impuestos…pagan nuestras cuentas.  Cuando estás financiado por la NSF, NIH, la universidad / colegio o cualquier otra institución pública, es muy probable que el dinero obtenido en impuestos vaya a financiar tus proyectos…y pagar nuestras cuentas. (N de T: Acá es un tanto distinto. la NSF y la NIH creo que no existen en Argentina, pero tenemos sus equivalentes, como por ejemplo el Conicet, o los fondos mismos para desarrollo científico que los Ministerios suelen otorgar)

A pesar de esto, actualmente nos están pagando para dar clases o realizar investigación. Nuestras cuentas también son pagadas por los estudiantes de nuestros cursos en los que enseñamos. De hecho,  al menos en un ámbito educativo, demasiado servicio público puede ser perjudicial para tu carrera. (N de T:  Claro, si vas a una universidad pública, los alumnos te pagan el sueldo…en sus impuestos)

¿Por qué los científicos no pasan más tiempo hablando con el público?

La respuesta, a mi parecer, es porque generalmente es perjudicial para nuestras carreras.  Probablemente tome mucho tiempo y esfuerzo tener la atención del público (especialmente cuando estamos yendo en contra de las celebridades), y muchos de nosotros estamos en un sistema donde no podemos ofrecer tanto tiempo.

Si sos un profesor buscando tener un cargo académico, vas a ser juzgado según una serie de criterios predefinidos. Todavía me falta para llegar a ese proceso (soy todavía una estudiante graduada), pero creo que tengo bien entendido los criterios necesarios para lograr un cargo académico. El comité evaluador se concentra en cuantos “papers” (artículos) escribiste, y donde los publicaste, cuantos cursos enseñaste y cuan bien los enseñaste,  cuan capaz sos de establecer un laboratorio, y cuanto servicio prestaste a tu departamento y a la institución como un todo.

Si estás por perfeccionarte en todas esas áreas en un espacio de siete años, entonces cualquier actividad que realices que no esté concentrada en conseguir  esos objetivos terminará por retrasarte. Conozco gente que tuvieron el hijo que hubieran querido tener luego de recibir su título porque sintieron que no tenían tiempo de sobra. Durante los años, cuando vas marcando tu camino como científico,  te vas dando cuenta que ya no tenés tiempo suficiente para comunicarte con el público. Esto es crítico porque, por lo que puedo decir, no buscar un cargo académico es devastador para la carrera de uno.

Aun así, una vez conseguido el cargo, no hay incentivos para pasar nuestro tiempo con el público. Las agrupaciones científicas profesionales y la comunidad científica, como un todo, premian los logros en investigación, no en educación pública. Entonces, de nuevo, el tiempo que uno usa para hablar con el público es tiempo que no usas para avanzar en tu carrera.

Entonces, ¿Cuál es la solución?

No se si el cambio vendrá sin un pequeño empujón por parte de las instituciones de investigación tanto como de las agrupaciones profesionales. Por ejemplo, pienso que sería absolutamente fantástico si las universidades contrataran científicos que sean pagados para encontrar nuevas formas de comunicarse con el público. Ellos deberían concentrarse en un temario conformado por problemas públicos importantes (H1N1, vacunación, etc.) y luego distribuir esta información a través de medios informativos de acceso público, como también en forma directa, como conferencias, disertaciones, etc.

Edward Osborne Wilson

Edward Osborne Wilson

Alternativamente, las universidades podrían ofrecer a los profesores menos carga horaria en un semestre cada un par de años, premiando así el tiempo que se hayan pasado educando de manera “más pública”. Serían responsables de discutir cualquiera sean los temas que sean pertinentes en el campo y podrían ser requeridos en una manera de demostrar que se hizo un gran esfuerzo para sacar afuera esa información.

El problema con ambas de esas cosas es que requieren aún MAS dinero de impuestos para lograrse. Contratar científicos cuyo único trabajo sea educar al público no sería barato, como tampoco lo sería pagarle a un profesor que no estaba enseñando en su universidad, siendo que los estudiantes sentados en un aula pagaron por estar ahí, manteniendo la universidad corriendo.) (N de T: otra vez, el tema acá es un tanto distinto. En EEUU no hay “universidades gratuitas”)

Carl Sagan

Carl Sagan. Un Grande

Hasta que encontremos alguna solución, nuestras esperanzas descansan en unos pocos científicos que realmente intentaron alcanzar al público. Hubo un par bastante maravillosos. Mis favoritos son Carl SaganE. O. Wilson (N de T: Francamente no leí nada de E O Wilson, pero parece interesante. Del Carlos me leí un par bastante, además de verme Cosmos de arriba a abajo. Podría agregar otros grandes nacionales como Adrián Paenza o Pablo Amster)

Muchos otros tienen buenas intenciones, pero terminan hablando con sus pares. Algunos eligen canales que tienen la tendencia de alcanzar gente que posee una mentalidad científica. Otros se alejan de los que necesitan educar insultándolos por tener diferentes creencias o por no entender los conceptos que están intentando explicar. Mi pinión del tema es que, si sos un científico interesado en la educación pública, por favor por favor se paciente y no alimentes el estereotipo de que los científicos son unos forros (N de T: usa el insulto “assholes”, que por acá se podría traducir como “forro”). Esto nos hace difícil conseguir que el público nos escuche cuando es realmente importante

En conclusión…

Tengo mucho interés en leer los comentarios de este artículo. Estoy seguro de que se va a generar una controversia sobre si nos deberíamos ser obligados (o no) a invertir tiempo en comunicarnos con el público. No estoy sugiriendo que todos los científicos nos deberíamos dedicar a esto, pero simplemente podríamos crear una gran diferencia si encontráramos algún camino “corrigiendo desinformación” y comunicando nueva información… ¿Qué pensas?

Algo realmente interesante para hablar, ¿No? Ojalá este blog fuera leído por más gente…

Edit: el artículo original es este.

Para los que esperan la review sobre la Notepal Infinite que compré, sean pacientes, la estoy redactando tranquilo.

Hoy, antes de ponerme a estudiar, tuve una interesante conversación con mi buen amigo nacho (que bien co-escribe este blog, pero nunca escribió mas de un post Y que además se casa, el muy hijo de su madre. Yo también me quiero casar. ¿Y usted?), eventualmente va a volver, y más cuando yo empiece con pensamiento científico y surjan más discusiones como esta.

Sin más, les dejo el log :

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De la lista de correo de ingresantes de la FCEN:

Del 15 al 26 de junio se llevará a cabo la VII Semana Nacional de la Ciencia
y la Tecnología
, organizada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la
Nación. Durante estos días instituciones de enseñanza e investigación de
todo el país abren sus puertas a niños, jóvenes y adultos invitándolos a
participar de actividades de popularización del conocimiento científico.

El fin de semana del sábado 20 y domingo 21 la Facultad de Ciencias Exactas
y Naturales de la UBA participará de las actividades centrales que se
realizarán en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Parque Centenario
(Ángel Gallardo 470), según el siguiente detalle:

+ Hablando de Ciencia en el Cine
Se proyectarán dos películas con la participación de investigadores de la
Facultad que conducirán un debate posterior con el público.

Sábado 20/6 17hs: “El eterno resplandor de una mente sin recuerdos”
Tema: Neurobiología de la Memoria
Especialistas: Dr. Ramiro Freudenthal, Dra. Mariana Feld y Lic. Verónica
Cocoz

Domingo 21/6 17hs: “El día después de mañana”
Tema: Cambio climático y calentamiento global
Especialistas: Dr. Alberto Piola y Dra. Paola Salio

+ Sótano de la percepción
El Sótano de la Percepción es una experiencia que invita a explorar la forma
en que percibimos el mundo y a sacar a la luz los pequeños trucos que
utiliza nuestra mente para construir la realidad.

Sábado 20 y Domingo 21 de 14 a 19hs

+ Ciencia en Marcha
Se realizarán talleres para docentes en los que el equipo de Ciencia en
Marcha buscará transmitir nuevas formas de enseñar ciencia.

El programa completo de actividades en el Museo puede consultarse en
http://exactas.uba.ar/download.php?id=923

Más información sobre la Semana en
http://www.semanadelaciencia.mincyt.gov.ar/

Los invitamos a difundir estas actividades y los esperamos junto a toda la
familia.

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